María Soria – Open day at APMT Barcelona
Un niño, una grúa de madera y una visita inolvidable al puerto
Las puertas de APM Terminals Barcelona se abren solo unos días al año. Pero para muchas de las personas que participaron en la reciente jornada de puertas abiertas del Port de Barcelona, aquella visita fue mucho más que entrar en una terminal de contenedores. Fue asomarse a un mundo que observan a diario desde la ronda, detrás de las ventanillas de sus coches, y descubrir por fin qué sucede tras esos gigantes de acero que dominan el horizonte.
María Soria, HSSE Technical Advisor de APM Terminals Barcelona, fue una de las guías encargadas de acompañar a los visitantes durante los diez recorridos organizados. Entre el sábado y el domingo participó en seis tours diferentes. Lo que encontró al otro lado de las explicaciones y los datos fue algo que no esperaba: una inmensa curiosidad. Más del 95% de los asistentes no tenía ninguna relación con el puerto ni con la estiba. Eran vecinos y vecinas de Barcelona con ganas de entender qué ocurre detrás de aquellas “cajitas de colores” que ven apiladas junto al mar.
Desde el autobús, María les hablaba de las 81 hectáreas de la terminal, de los miles de contenedores que pasan por ella y de los trenes y camiones que conectan cada día el puerto con el resto del país. Pero las preguntas iban mucho más allá de las cifras. Querían saber cómo trabajan las personas, qué medidas de seguridad existen, cómo se reducen las emisiones o cómo se mueve un contenedor de varias toneladas desde el muelle hasta un barco.
Cuando los visitantes pudieron bajar al muelle y observar la operativa de cerca, la terminal dejó de ser una postal industrial para convertirse en algo tangible. Allí comprendieron las dimensiones reales de las grúas, la precisión necesaria para manejar la carga y la complejidad de un engranaje que nunca se detiene.
Y entonces apareció un niño.
“Tendría unos diez años, pero hacía preguntas con la curiosidad de un ingeniero veterano”, explicó María. Quería saber cuántas navieras operaban en la terminal y confesó que su sueño era convertirse algún día en gruista portuario. Su familia no tenía ninguna relación con el sector, pero él llevaba años fascinado por las grúas. Construía contenedores con tetrabriks forrados de papel, buscaba vídeos de terminales en internet y jugaba a recrear puertos enteros en casa.
Quizá esa escena resume mejor que cualquier dato el valor de estas jornadas. Porque abrir una terminal no consiste únicamente en mostrar una operativa. Consiste en derribar mitos, acercar profesiones desconocidas y ayudar a que la ciudadanía entienda el papel que desempeña el puerto en su vida cotidiana.
Al final del recorrido, María vio algo que conoce bien. Lo vio en la mirada de los visitantes, en la emoción de sus propios padres y en la satisfacción de su suegra, que por primera vez entendía el trabajo de toda una familia ligada al puerto. A veces, basta con abrir una puerta para descubrir todo un mundo.